PAUL MCCARTNEY-MAN ON THE RUN: LA HUIDA, LA FAMILIA Y UN ANONIMATO IMPOSIBLE
1.Huída. No había que separar a los
Beatles, había que huir de los Beatles, ya transformados en una maquinaria
devoradora. El concepto de prisión le cabe a la perfección. Los Beatles eran un
espacio cerrado y asfixiante -como el estudio de grabación en el que se
recluyeron en sus últimos tiempos a componer y grabar. La historia fijó la
separación en un comunicado y puso en el centro a McCartney -y en la otra
esquina del ring a Yoko Ono… Pero lo que aclara el documental es que se trató
de una huída. Una discreta y solapada, disfrazada, la de Lennon, para no quedar
en el centro de los reclamos y que ahora el documental repone. Otra más
misteriosa y espectacular, hasta el punto de presuponer la muerte de McCartney.
Paul desaparece y no es hasta que un periodista da con él en una granja escocesa,
que su imagen queda difuminada, encapsulada en el enigma. Paul huyó de la
ciudad, de Inglaterra, de la vida del rico y famoso que ya era. Sobre todo, de
los Beatles, aunque como dice en algún momento, eso implicara sumergirse en la
duda sobre su futuro como músico y como compositor. Los primeros discos
solistas que sobrevendrían en los años siguientes son el testimonio de esa
huída. Sean Lennon lo refleja cuando dice que “Ram” es una obra maestra
incomprendida, porque estaba intentando no ser un Beatle. Esa huida incluyó
juicios y disputas con sus ex compañeros por contratos del pasado que
implicaban una apropiación de sus derechos. Y siguió con la formación de una
banda -Wings- en la cual pretendía insertarse como uno más. Con esa banda, la
huida se amplía. Irse de gira, grabar en lugares distantes y exóticos para la
época, conectarse con otros tipos de música. El disco “Band on the run” lleva
la idea de lo individual a lo colectivo. La tapa con esa foto cuya realización
recupera el documental, con prófugos reales, redondea el concepto: huir como
una necesidad vital de supervivencia.
2.
Familia. Man on the run ata ese devenir a la constitución de un núcleo
familiar: unos meses antes de la separación de los Beatles, Paul se casa con
Linda Eastman. En Mull of Kintyre nace Mary y aparece el primer impulso para
volver a componer. Lo importante, de todas formas, es la traslación de esa idea
a lo musical. McCartney reformula su banda a partir de la familia. El primer
músico en sumarse a Wings es Linda, que no era justamente música. Y fue
cuestionada por eso. “Linda podía cantar porque tenía una voz con un sonido
especial”, recuerda Paul. Pero puede intuirse que solo fuera el refugio
familiar lo que le permitió permanecer como músico. Y desde allí, el documental
señala que la construcción de la banda siguió ese criterio: constituirse como
una familia. Que la reunión musical fuera subsidiaria de la relación que se
tejía entre los miembros del grupo. Man on the run no lo dice, pero es
posible establecer un contacto con las imágenes de otros documentales sobre los
Beatles que reflejan vacaciones conjuntas y el cruce de las familias en los
estudios de grabación (lo que puede verse en las sesiones de Get back (Peter
Jackson, 2021)). Dejar de ser Beatle para reencontrar una parte de ese
espíritu en la conformación de una nueva familia.
3.Igualdad. Dejar de ser un Beatle para
refugiarse en el conjunto, en lo grupal. Esa parecía ser la intención. Pero
rápidamente se reveló como ilusoria. Wings como tal no podía separarse del
lugar que ocupaba McCartney como cantante y compositor. La industria tampoco se
resignaría a la disolución en lo colectivo y antepondría el nombre del líder a
la banda. Los músicos que lo acompañaron recuperan esa intención de ponerse en
un plano de igualdad, para luego reconocer la imposibilidad. McCartney era, a
pesar de su huida, un rockstar, algo que ninguno de sus compañeros podía
igualar. La prueba aparece en los episodios periodísticos que rodean a Paul, de
la condena por posesión de cannabis a la detención por ingresar con marihuana a
Japón, los focos estaban continuamente sobre él y no sobre los músicos que
podían ser su “familia”.
4.Final. Los 70 terminaron el día que
Mark Chapman le disparó a John Lennon en el Dakota. El documental y la huida de
Paul también finalizan en ese momento que ocurre poco después que hubiera
visitado a John y Yoko en Nueva York. Es el final de la huida de los Beatles,
consolidada a partir de la definitiva imposibilidad de reunión -esa para la
cual los tentaron con millones y a la que se negaron sistemáticamente. El
trauma de tocar en vivo canciones de la banda seguiría por algunos años,
incluso cuando los discos siguientes de Wings fueron fracasos -y cuando Paul se
reconvirtió en músico ultra pop en los 80. El final de la pesadilla de ser un
Beatle, sugiere el documental, es la apertura a una nueva pesadilla, la que
derivaba del asesinato de Lennon. Pero a esas alturas, a fuerza de canciones
había logrado ser Paul McCartney, sin dejar de haber sido un Beatle, aunque
siguiera siendo esa sombra de su pasado que entonces comprendió que no podía
dejar atrás.





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