HOMO ARGENTUM:EL FIN DE LAS HISTORIAS

1.No, no debería ser “argentum”. Pero claro, para la visión porteñocéntrica, el porteño es la identificación del argentino. Y eso es estricto. Ninguno de los personajes que compone Francella en la película parecen haber nacido en provincia: son todos inevitablemente porteños.

2.La pretensión de la película está clara desde la secuencia de títulos. El uso de los colores de la bandera argentina, la utilización del sol –nadie parece recordar que es el símbolo que separa a la bandera tradicional de la de guerra- son inequívocas referencias a una argentinidad que los directores han pretendido registrar en sus películas –incluso en sus documentales como Yo, presidente y Todo por el asado.

3.Definir lo indefinible implica aplicar reduccionismos. Hacer converger un puñado de rasgos, siempre limitados y particulares para trasladarlos hacia una totalidad. Del ladrón de 4 x 4 al marchand y el pintor que fraguan una muerte en Mi obra maestra, las definiciones de Cohn y Duprat sobre lo argentino se sumergen en el desprecio que pretenden ocultar bajo una pretendida mirada irónica (el ejemplo crucial es esa cumbre del cinismo que construyeron en El ciudadano ilustre). Con el paso del tiempo, los directores, en lugar de complejizar el asunto lo fueron simplificando. Lo estiraron de manera indefinida bajo el formato de series (Nada, Bellas artes) como demandan las plataformas del presente. Homo argentum es la demostración de un punto de no retorno: la prueba definitiva de que el formato de película ya no cabe en el universo de los directores.

4.Del estiramiento a la condensación, el pasaje implica resignar cualquier intención narrativa. Se advierte, en todo caso, que algunos de los segmentos podrían constituir bosquejos para desarrollar con más detalle (en especial, el del empresario con el pibe que pide dinero o el del viudo que rehace su vida con su empleada doméstica). En otros, la condensación se reduce a una idea pretendidamente graciosa: son eso, apenas un chiste mal contado hasta el punto de perder toda gracia (el del relator de fútbol, el del cura villero). O peor aún: el único con un buen remate (el del presidente) termina recurriendo a una frase dicha en la realidad por un ministro de economía de no hace tantos años.

5.Esa decisión implica una carencia de ideas que viene repitiéndose en las películas de los directores. Aquí no solo se suma esa frase, sino que por lo menos uno de los personajes le debe mucho a los que construyó Diego Capusotto (el episodio del hombre que amenaza a los ladrones en el móvil televisivo). Lo peor es que siguen copiándose a sí mismos. El episodio del director de cine recuerda el comienzo de El ciudadano ilustre (o a la historia de Competencia oficial); la resolución del primer episodio recuerda una escena similar de Mi obra maestra; el episodio final en Italia tiene una estructura similar a la de El ciudadano ilustre. Lo peor es que lo que Cohn y Duprat hacen no es trabajar sobre variaciones, sino repetir ideas y esquemas compuestos de maneras similares. Una manera, en fin, de producir rápido.

6.Más que variación, repetición. Más que repetición, obsesión. Como si intentaran machacar en la cabeza del espectador, los episodios trajinan no solamente temas de sus otras películas, sino dentro de la misma película. Los episodios giran alrededor de las consecuencias funestas del azar –que nunca trae consecuencias positivas, sino muertes-, la inseguridad, el lugar de las mujeres en la estructura familiar patriarcal, la decisión de los jóvenes de emigrar a otros países. Si todos esos temas funcionan como afirmación de la individualidad por sobre lo colectivo –en especial el primer episodio, con su cínica mirada negacionista sobre las consecuencias que tienen los actos propios en los demás- lo peor aparece en la forma en que en dos de los episodios se construye la imagen de la pobreza como deseable y liberadora. Que esa postura provenga de alguien que no se sabe si es un empresario o un financista cuando se enfrenta a las necesidades de un pibe de la villa como una especie de genio de la lámpara puede ser medianamente lógico. Pero que se la plantee desde la perspectiva de un cura villero en una olla popular suena a demasiado, a tergiversación de los preceptos de esa iglesia.

7.Y entonces, cuál es la lógica de una película como ésta, que repite situaciones y argumentos que pretenden dar cuenta de la argentinidad. Lo que pone al descubierto es una faceta de la argentinidad que en sus películas anteriores no aparecía o estaba restringido. La de anteponer lo publicitario sobre lo artístico, lo que implica dar más espacio al rédito monetario que a la construcción de una historia. La profusión de marcas que aparecen a lo largo de la casi totalidad de los 16 episodios, no solo es molesta en su puesta en primer plano, también deja la sensación de que varios de esos episodios fueron escritos a partir de la concreción de los sponsors. Algunos ni siquiera pueden considerarse como historias  -el episodio de Ezeiza o el del hijo que se resiste a ir a vivir solo- sino que demuestran el propósito final de sus autores: son apenas débiles excusas para construir un producto que pretende venderse como película, pero solo vende la posible proeza del actor y unos cuantos productos que van de los alfajores a la telefonía celular. O sea, nada que ver con el cine.

 

Comentarios

Entradas populares