FICPBA 2025 (IX) - BELÉN

 

La primera pregunta parece sugerir una respuesta segura, pero no pareciera ser la correcta. ¿Se puede hacer una película basada en esta historia real de otra manera?. Se tendería a pensar que sí, que las posibilidades en un punto pueden ser infinitas, pero en ese caso se estarían dejando de lado cuestiones que no son poco relevantes. Y estoy hablando de lo que la película pretende transmitir. La pregunta entonces se vuelve otra, que es previa: ¿se pretende priorizar el hecho cinematográfico o la importancia de contar esa historia radica en la necesidad de dar cuenta de la lucha de las mujeres por sus derechos en la Argentina? Ese punto es el que determina el cómo, cuando el qué termina de definirse y delinearse: en el primer caso, la opción entraña el riesgo de desdibujar la idea central bajo el artificio de la ficción cinematográfica; en el segundo, lo que se potencia es la construcción de una ficción que, desde su verosímil realista, se dirija hacia la comprensión masiva del fenómeno –y eso involucra tanto al funcionamiento de la sociedad patriarcal en general como a la justicia en particular y la emergencia de las luchas por la defensa de los derechos de las mujeres.

En Belén se elige la segunda opción y las razones parecen obvias en un contexto en el que las agendas de odio han avanzado en los dos últimos años con sus ánimos revanchistas ante lo que llaman despectivamente “femirulismo” –el no poder nombrar a las cosas por su nombre se revela síntoma de la incapacidad de enfrentarlo. Se hace relevante la revitalización de una lucha que tuvo su eclosión mayor en los tiempos de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Justamente sobre ese tema vuelve la película, para narrar la historia de Julieta Gómez/Belén, encarcelada durante más de dos años, acusada de provocarse un aborto en un hospital de la provincia de Tucumán. El mérito mayor de la película, en ese sentido, es correrse de unas coordenadas cronológicas que solo se plantean en un cartel al comienzo. Más allá de algunos elementos que pueden señalar la época, la narración se construye como un presente continuado, como una transpolación de otra década a una actualidad en la que los hechos tienden a repetirse. Toda la película funciona como una continuidad que se cifra en la permanencia de la lucha por los derechos y por las reacciones que suscitan las reiteradas resistencias de los grupos más conservadores de la sociedad.

Como consecuencia de la elección que se toma para narrar, se asumen formas que, si no conservadoras, se pueden considerar convencionales. En ese sentido, el hecho de estar basada en hechos reales, provee una especie de corset que aprisiona cinematográficamente a la película. El realismo a ultranza en el que se mueve –y donde todo lo que funciona como posibles desviaciones del verosímil en un país como la Argentina no lo son, desde el episodio con el expediente a las reacciones cínicas del juez de la causa- se une a la épica de la resurrección del ángel caído para sostener a la lucha como una necesidad y como único camino para lograr un objetivo.

En medio de ese relato no se puede evitar la recaída en ciertos lugares comunes genéricos: la oposición entre Soledad y Camaño en la defensa de la joven acusada, las escenas del juicio con el alegato final de Soledad, las amenazas que va sufriendo a medida que el juicio avanza, el crecimiento exponencial de las mujeres que se movilizan y que prepara el climax final, parecen ser opciones inevitables, aunque impliquen una simplificación didáctica para el público masivo. En cambio, es cuando se aparta de lo explícito cuando se consigue salir de esa convencionalidad: desde los pasos de comedia buddy-buddy entre Soledad y su socia a la gestualidad que une a Soledad con Julieta/Belén (las manos enlazadas, la confianza mutua en que lograrán sacarla de la cárcel) hay variantes, puntas en las que la película le escapa a lo esperable y confortable para la visión masiva. Pero esos momentos no alcanzan para atenuar una sensación: que a pesar de las pretensiones de dotar a la narración de un aliento épico, lo que se advierte es una falta de fuerza para jugar a fondo en esa intensidad que no aparece ni en las marchas ni en las multitudes, sino en el vínculo entre esas dos mujeres y la forma en que deciden enfrentar a los modos de la justicia y de la sociedad tucumana.


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