LA CONTRAOFENSIVA: UN RESUMEN APLICADO
+Tal vez el problema está en el título, que coloca al espectador en
unas coordenadas bastante precisas. El título alude al momento en que la
organización Montoneros envía de regreso al país a un grupo de militantes para atacar
a la dictadura militar a la que veían en medio de una crisis. Pero el relato
que alude específicamente a ese momento queda reducido a una parte demasiado
breve del documental, focalizando en una serie de atentados que se sucedieron
durante el año 1979. Tal vez si el título hubiera sido más genérico, de manera
que abarque la mayor parte del recorrido del documental, la percepción -o al
menos las expectativas- podrían haber sido distintas.
+Pongamos en situación: el documental recurre al trazado de una línea histórica
que desemboca en -y justifica de alguna manera- el accionar de Montoneros en
esos años. Así entonces aparecen el 17 de octubre de 1945, el regreso de Juan
Domingo Perón al país en 1973 y la masacre de Ezeiza, su última presidencia y
su muerte y el ascenso de María Estela Martinez de Perón a la primera
magistratura hasta el golpe de estado de 1976. Pero ese relato -que da por
sobre entendido la resistencia peronista y deja de lado la narrativa sobre el
origen de las organizaciones armadas- opta por lo institucionalizado, por
narrar el devenir de Perón y su agrupación política. Esta estructura no da
cuenta de Montoneros -ni de FAR o FAP- en tanto su pertenencia es lateral.
Apenas una mención a la Juventud Peronista -del momento de su desarticulación-
pero sin establecer un nexo con la conducción de la organización armada, parece
ser todo lo que puede generarse en esa línea histórica.
+La cuestión es: si se pretende narrar la contraofensiva, no termina de
comprenderse que el documental sostenga a Montoneros fuera del foco central en
la mayor parte del relato. Es como si se necesitara poner distancia quizás por
temor a caer en el panegírico sobre un grupo armado. Pero esa distancia lo que
impide es entender el recorrido como parte de una lógica en la que se enmarcó
la disputa política en la Argentina de la década del 70. En todo caso, parece
contentarse con señalar instancias planteadas como hitos en el exilio -la
concentración de la conducción en México, la creación de la Casa Montonera, la
conferencia de prensa en Roma en 1977- antes de explorar su significación y la
eventual importancia que revistieron para la contraofensiva posterior. No deja
de ser una limitación que la película no logra sortear para profundizar en lo
que supuestamente pretende ser el objeto de su narración.
+Entonces, lo que queda en pie es la utilización de dos recursos. El primero implica poner en el centro, como esqueleto del relato, a una serie de discursos que atraviesan la historia argentina. Son ellos los que van articulando una significación posible. Zeballos logra salirse del recorte típico de cada uno de ellos, insertándolos en un contexto discursivo algo más amplio (lo más notable aparece tanto en el discurso de Perón del 1 de mayo de 1974 como en el de Ricardo Balbín durante el velatorio de Perón). La insistencia en la utilización de fragmentos de la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar termina rompiendo con la linealidad histórica, aunque logre imponerse por un efecto de actualidad seguramente no buscado. El segundo es el trabajo desde las imágenes, simulando los viejos dispositivos de diapositivas -hasta en la forma en que las fotos se desplazan lateralmente. Pero ese trabajo consigue mejores resultados cuando logra poner en relación esos discursos con las portadas de los diarios o cuando es el rescate de imágenes fílmicas o televisivas de la época lo que prima (el contraste entre el relato de Walsh y las imágenes de una normalidad discretamente vigilada por soldados y marinos; las imágenes de los atentados, en especial los de Lambruschini y Klein).
+Quizás el problema sea otro y tenga que ver con que el relato de La contraofensiva es aséptico en un sentido político. Expone lo conocido desde una postura demasiado cercana a la corrección política, sin arriesgar argumentaciones ni una mirada personal sobre lo narrado. La paradoja es que un documental sobre una instancia política está narrado desde una distancia tal que anula cualquier potencialidad de una idea política. No es que gire sobre el vacío absoluto, sino que al valerse exclusivamente de la discursividad ajena, sin trabajar sobre sus pliegues, pierde volumen y significación. El aporte de La contraofensiva al conocimiento de esos tiempos termina resultando básico, como un resumen aplicado, pero sin voluntad de ir algo más allá. En ese sentido, termina diciendo más sobre ese período y con más riesgo, una ficción como Infancia clandestina, incluso con los defectos que se le pueden achacar, que este documental lamentablemente algo lavado.

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