FICPBA 2025 (VI) - CROMA

 

Al comienzo, Croma es una serie de preguntas. Una especie de encuesta filmada en un espacio descontextualizado, formuladas por voces cuyos cuerpos no vemos. Al principio se trata de niños que parecen no encontrar respuestas a lo que se les plantea (¿qué es ser hombre?¿qué es ser mujer?¿cuándo te diste cuenta que eras hombre/mujer?). Las preguntas pasan luego a otros grupos etarios. La noción de encuesta, sin embargo, se quiebra en el momento en que las preguntas se formulan una detrás de la otra, requiriendo que no se respondan.

El movimiento es desconcertante, pero tiene su justificación. Lo que se busca no es la puesta en palabras de elementos de la historia personal, sino explorar las reacciones –gestos, emociones- que la sola lectura de las preguntas genera en los entrevistados. En ese punto decantan las preguntas del comienzo: en la percepción de un grupo de personas que se han movido entre la determinación de la identificación sexual del cuerpo desde el nacimiento y la construcción de otra identidad personal que se corre de esa determinación.

Pero entonces, cuando parece que la película va a afirmarse en el territorio de esa emotividad que proviene de la experiencia personal –eso que lleva a que uno de los entrevistados plantee que pensaba hablar de su madre hasta que se da cuenta que es mejor que no-, otra pregunta cambia el panorama.

“¿Qué escena te gustaría hacer?”, dice la voz.

Y entonces, el croma que servía de fondo a las preguntas ahora está colocado en un espacio abierto en el campo. Y los que habían sido entrevistados, ahora juegan escenas en las que lucen transformados. Es el pasaje de ser el objeto de una entrevista a ser actor, a ejecutar un rol que pone distancia con la identidad. Motorizado por el deseo y la fantasía, de ser parte de una escena imaginaria, lo que revela ese intento es el pasaje de identidad que se desarrolla en un espacio vacío, sin condicionamientos mayores que los que pueda ofrecer la naturaleza.

Es entonces que Croma se convierte en un experimento que excede las premisas iniciales. Lo que sobreviene es la construcción de una historia en la que el control cambia de manos. Son los mismos protagonistas los que determinan el curso de lo que quieren narrar –incluso con disidencias- y los que terminan portando la cámara. Pasar, en fin, de ser mirados a organizar la mirada que va a narrar esa historia compartida: se vuelven directores de su propia historia. Si lo que ocurre en la película parece caer en cierta dispersión, lo hace para afirmar su carácter de experimento, de representación a partir de lo ficticio –representado por ese croma casi omnipresente- de la posibilidad de mutación de los cuerpos y con ello, de las identidades sexuales.


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