ADULTO:EL CUIDADO DE LOS OTROS

1.Antonio –en el comienzo aún no sabemos su nombre- está solo en la casa. Dibuja, hace cálculos que no le salen –a sus amigos tampoco. Su padre, en los primeros momentos de Adulto es una ausencia que solo se rompe en los mensajes telefónicos. Pero tampoco hay respuestas. El padre no responde ni siquiera las preguntas obvias (¿cuándo vas a volver?). La aparición de Eloisa, la chica que cuida a Zulema en la casa vecina, revela que el padre lo elude, que lo que hay que comunicar no le llega a Antonio sino a Eloisa. Antonio está solo pero además ignora. Algo de eso se intuye en la charla con Lalo, cuando dice que su padre tiene una pyme de suplementos para gimnasios y Lalo afirma que eso son drogas.

2.Raúl, el padre, aparece más adelante. Lo lleva a probar una moto nueva por las calles. Algo se intuye sobre lo que vendrá: cuando advierte que la policía los sigue, hace bajar a Antonio y sigue su camino. Raúl se despreocupa de su hijo, pero la escena en que lo deja, se percibe como una continuidad del inicio en soledad en la casa. “Mirá si me disparan” le dice Antonio cuando se reencuentran en la casa y le reprocha que lo dejó solo. “Y, tenés que correr” le contesta Raúl. La relación entre padre e hijo se revela entonces asimétrica: todo lo que Antonio busca en su padre, éste no está capacitado o interesado en ofrecerlo.

3.Sin embargo, lo que predomina es la incógnita. Adulto se plantea desde la mirada de Antonio y desde allí el problema se centra en ese padre elusivo que construye la vida a una distancia que nunca queda demasiado clara (¿dónde está cuando lo llama?¿dónde trabaja?¿qué hace en su vida?). Si la figura de la madre directamente es inexistente, incluso desde lo no nombrado, la ausencia física del padre resalta más que la soledad, la mirada individualista que proviene de ese mundo adulto (las reacciones de Damiana cuando Raúl está en la comisaría van en ese sentido). Antonio va supliendo esas figuras ausentes, entre la imposición que el padre formula –incluso como una figura fantasmal, en segundo plano- y su decisión de romper con la individualidad a partir de ese colectivo amistoso que compone con Lalo y Sofía.

4.Ante la incógnita, Antonio pregunta. El padre construye un relato dubitativo. El rostro de Eloisa parece aseverar esa duda sobre la veracidad. A partir del momento en que está en el hospital por el accidente con la moto, el espacio que ocupa el padre se vuelve más difuso: cada vez que Antonio lo busca, Raúl pasa a otro espacio, pierde la comunicación. El padre en sí mismo se vuelve una figura difusa: Raúl no habla con él, argumenta que no quiere preocuparlo. Pero el pasaje de Raúl por el hospital y la comisaría instalan una institucionalización que entra en su vida como una instancia desconocida (¿por qué está allí su padre?). Si la policía hasta ese momento aparece como parte de un juego (la persecución en la moto, la forma en que con Lalo imaginan que rechazan a los patrulleros en la puerta de la casa) ahora se vuelve un espacio dudoso, al que no se sabe si entrar o no –y de nuevo, no hay respuestas del padre-. La policía es un espacio oscuro en el que el exterior queda anulado. Pero lo que subyace en la visita en la comisaría es la ausencia de la relación entre padre e hijo, una distancia que no se resuelve en el relato de lo ocurrido ni en las preguntas que Raúl no puede responder.

5.El mundo de los adultos está hecho de otros tiempos. No porque sean los tiempos actuales los que marcan la diferencia con los adolescentes, sino porque están corridos de ese espacio institucionalizado. Un desfasaje que pone en escena la aparentemente inocua escena de la prueba en la escuela. Donde ese elemento se pone en juego, es en el planteo de Antonio a su padre (¿cuándo venís?) que se repite una y otra vez. Pero es también en la permanencia en esos espacios institucionalizados de Raúl: allí se menciona repetidas veces que va a llevar tiempo aclarar las cosas. El tiempo es el centro de lo que le va a demandar a Margarita recuperarse. El tiempo ese que la película va despegando de la cantidad de días a partir de las breves elipsis que va disponiendo, es la materia en la que se juegan las distancias entre los adultos y los jóvenes.

6.La convergencia de esos elementos en la anteúltima escena es notable. Toda la película destila hacia ese momento, confluye en el momento en que Antonio toca el timbre en la casa de Margarita. Eloisa lo acompaña hasta allí pero lo deja solo. Y Antonio enfrenta a Ana porque quiere saber. Quiere saber qué ocurrió realmente, qué hizo su padre. Sobre todo, quiere saber cómo una madre cuida a su hija. La película no muestra el encuentro, pero el momento en que Ana y Margarita le permiten entrar a su casa, es la señal de empatía que se emprende a uno y otro lado de ese portón que finalmente deja de separarlos. Adulto se vuelve en ese punto, una versión de la película anterior del director (El cuidado de los otros) pero planteada desde otra perspectiva, ya no de la cuidadora sino de aquel que debería ser cuidado y sin embargo se ve obligado a hacer su camino por su cuenta.

 

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