UN SOLO LATIDO:RETRATO CON DUDAS
La CNU es una especie
de sombra que quedó por detrás de la Triple A: un brazo violento de las
derechas que logró permanecer en el silencio que le otorgaron los años y la
criminalidad superior de la dictadura militar. Durante años, la sigla solo era
recordada por las familias de las víctimas, hasta que las investigaciones de
Daniel Cecchini en el periódico Miradas al Sur recuperaron su actuación,
focalizada en las universidades de La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. En
ese relato aparecen muchas historias personales por las cuales avanzar en la
construcción de un perfil todavía algo difuso y desconocido por las mayorías,
de la organización.
Un solo latido recurre al caso particular para narrar un
funcionamiento general. María Luisa Corica era trabajadora en el Hipódromo de
La Plata y delegada gremial durante los años previos al último golpe militar. A
través de su hija y de los recuerdos de quienes fueron sus compañeros, se
reconstruye su historia en la que lo familiar y la militancia se funden y confunden
–como en el recuerdo de ese teléfono que se compartía con el departamento de
otros jóvenes militantes. Hay un rasgo, sin embargo, que parece brotar en medio
de esos elementos y que proviene tanto de la mirada de la hija como de los
compañeros.
Ese rasgo está
presente en el afiche de la película, en la foto elegida para mostrarla en ese
momento congelado de la juventud. Detenerse en su belleza. Reforzar la idea de
la militancia y la defensa de los compañeros desde lo gremial, que no está
reñida con el aspecto y el cuidado de la imagen personal. De esa manera, un
elemento de aparente banalidad en ese contexto de luchas políticas, introduce
una dimensión de humanidad, de cotidianeidad. La recuperación de la imagen del
folleto del Hipódromo en la que se la ve posando en una escalera, puede
confundir su imagen con la de una modelo. Pero es justamente esa foto y las que
se conservan en el núcleo familiar, las que permiten que el retrato de María
Luisa no sea atravesado solamente por la linealidad de las palabras, sino que
cobre y recobre su cuerpo. Aunque haya quedado eternizado en la belleza de la
juventud.
El documental, sin
embargo, se debate entre las convicciones y las dudas. Dejemos de lado que las
evidentes carencias presupuestarias le impiden un acabado más prolijo en
términos de imagen y sonido (con alteraciones muy marcadas en ambos entre las
diferentes imágenes). Las dudas aparecen al nivel del relato, cuando no termina
de decidirse por contar la historia personal o focalizar en una narrativa en la
que el centro es el funcionamiento de la CNU. Esa duda, si bien no alcanza a
desequilibrar el resultado, impone desviaciones del recorrido personal que van
impidiendo construir un clima en lo que ocurrió con el personaje. Cuando la película
aborda el recuerdo desde otras especificidades, permite un contacto más cercano
con la historia. El sonido del Hipódromo que despierta los recuerdos de la
compañera de trabajo; el retorno a la escalera donde se tomó la foto del
folleto; el momento en que la hija y la compañera relatan el secuestro de María
Luisa en la estación de trenes de La Plata recurriendo a lo táctil –volver a
tocar la columna donde pudo haber quedado apoyada cuando la detuvieron- son
elementos más poderosos que las palabras, en tanto instalan otra dimensión y
abren nuevas perspectivas en el relato.
Las convicciones
aparecen en las entrevistas a un puñado de personas que la conocieron. Pero más
que la limitada cantidad de testimonios, lo problemático es pensar en la
entrevista como el elemento de mayor peso. Al tomar la decisión de reducir los
cortes, al prolongar las secuencias de las entrevistas, el documental se
aplasta desde lo cinematográfico. En esos tramos, pierde el ritmo que la
narración está pidiendo para aliviar el peso del discurso oral. Algo que ocurre
tanto con la búsqueda de lo personal como de la investigación y los aportes de
Cecchini. Para que se comprenda: dice más de la situación esa tremenda sucesión
de titulares de la tapa del diario El Día en que la violencia aparecía
normalizada que el relato minucioso de la forma en que actuaban los grupos
parapoliciales. O ese hallazgo del fragmento de la conferencia de prensa de
Juan Domingo Perón en la Casa Rosada, con un inusitado nivel de agresividad y
violencia con una periodista, que la descripción sociológica de un libro. Lo
que se advierte en Un solo latido es
que la voluntad de contar la historia hizo perder de vista la necesidad de
contarla con la cadencia y la síntesis que le estaba reclamando. Un solo latido se vuelve entonces prueba
palpable de una historia que es narrada sin poder encontrar la forma correcta
de ser contada.
.jpg)



Comentarios
Publicar un comentario