OTROS TEXTOS I: SIN SECRETOS: LA MIRADA DE BENJAMÍN ESPÓSITO EN “EL SECRETO DE SUS OJOS”
El hecho que narra “El secreto de sus ojos” podría ser descripto como la búsqueda de justicia por parte del esposo de la víctima de una violación. De esa manera, la violación y posterior asesinato de la esposa de Morales queda encuadrada como un hecho de violencia que debe castigarse. Sin embargo, lo que se invisibiliza está por detrás de ese planteo.
Hay
un detalle que se marca desde la primera escena: no se trata de un evento narrado
en tiempo presente, sino la forma en que Benjamín, secretario del juzgado
actuante en el caso, lo recuerda y ficcionaliza. De hecho, el caso es rescatado
para escribir una novela –el acontecimiento presente que funciona como punto de
partida- y el hecho es recreado a medias entre los recuerdos del personaje y la
escritura de la novela.
La
ficcionalización de un caso real, aún cuando se vea como un intento de
aproximación cercano a la realidad, no deja de ser una mirada subjetiva
respecto de lo ocurrido. En una novela se eligen los caminos narrativos, es
decir, qué se va a contar y qué no. Al asociarse la película a la novela que
escribe Benjamín y a sus recuerdos, queda claro que la perspectiva que se asume
es la suya. Por lo tanto, el comienzo de la película es el intento de Benjamín
por escribir un texto que imprime su mirada sobre un hecho al que transforma en
ficción.
Allí
aparecen tres intentos narrativos que se van encastrando entre sí. El primero es una representación del romanticismo que
muestra el momento en que –sabremos después- Benjamín se aleja de Irene en tren
de
Sin
embargo, el tercer intento hace irrumpir la escena de la violación de Liliana.
Y es aquí donde comienzan los problemas. ¿Por qué Benjamin Espósito –y por
ende, el director de la película- deja de lado lo que ha visto o le han
contado, para imaginar una escena que no pudo haber visto y que nadie le pudo
haber contado?
La
puesta en escena de las violaciones en el cine suele ser problemática. La
cuestión está en qué y cómo se muestra, y hasta en algunos casos, si tiene
sentido mostrar. Y es que una violación en pantalla puede verse como algo
intolerable, pero también como una relación sexual en la que el forzamiento
queda desplazado del centro de la escena. Es un acto violento que si bien
ocurre en muchos casos en lugares públicos, se encuentra apartado de la vista
del otro. Aparece como un acto prohibido por las reglas sociales, y así como
matar o torturar o humillar, su puesta en imágenes es discutible según el
criterio que se use para mostrarlo.
Un
dato no menor en el caso de la película de Campanella: se trata de una
violación contada por un hombre. Y antes que surja alguna objeción: la película
insiste en que es un hecho que debe ser castigado (queda la duda si hubiera
seguido el mismo camino si la mujer violada no hubiera sido asesinada; y
también la sensación de que se juzga el asesinato y no la violación, si uno se
deja llevar por las palabras de Irene Menendez Hastings: “mire cómo la dejó”).
Esa escena del comienzo deja en claro que Benjamín imagina la violación, pero el
producto de su imaginación puede dar lugar al equívoco. No imagina la situación
desde una perspectiva neutral, y de hecho, la escena breve del comienzo elimina
cualquier detalle que permita afirmar que efectivamente se trata de una
violación. En lugar de ello, la escena se ve como una relación sexual marcada
por la violencia (hay que remarcar que hasta ese momento no sabemos lo que
ocurrió). Lo que refuerza la situación es que la cámara está ubicada cerca de
la posición del hombre. Aún más, el movimiento que acompaña la escena, la
cercanía a los cuerpos, puede confundirse con la presencia de otro hombre: de
esa manera la cámara también está accediendo sexualmente al cuerpo de la mujer.
Posteriormente,
el efecto se refuerza. Cuando Benjamín Espósito concurre al lugar del crimen,
se horroriza visiblemente ante el cuadro que encuentra: el cuerpo de la mujer
brutalmente asesinada, tirada en el piso y aún con los ojos abiertos. Pero la
cámara, al colocarse en la posición subjetiva de la mirada de Espósito, cambia
el registro. Si parece inexplicable que el cuerpo aún no esté cubierto, menos
explicable aún es por qué se muestra tres veces el cuerpo desnudo de la mujer
asesinada. Y la imagen no se detiene en el rostro –que contiene suficientes
muestras de la violencia ejercida sobre la mujer-, sino en un plano más amplio
que involucra el pecho desnudo, el cual no muestra signos de violencia. La
cámara, la mirada de Espósito, violan otra vez a la mujer: sólo importa ver,
volver a ver, regodearse en la contemplación del cuerpo desnudo, aún cuando se
trata de una mujer violada y asesinada. La ausencia de pudor, cede su lugar entonces
al placer voyeur, ante el cual la mujer está indefectiblemente indefensa,
convirtiéndola en objeto hasta en la muerte.
Si
no hay odio ni reproche en Irene al mostrar las fotos del cadáver –siempre
rescatando la belleza física de la víctima-, lo que sigue finalmente en medio
de la confesión inducida, no ayuda demasiado. Ante la provocación de Irene,
Isidoro muestra su órgano sexual: y he aquí un nuevo problema, porque en el
ansia voyeurista, la cámara se hace nuevamente subjetiva, pero ahora desde la
mirada de la propia Irene. Y su única reacción es la mirada. Imposibilitada de
reaccionar por su propia estrategia –en ese momento resulta claro que ha
terminado de convertirse a sí misma en objeto- recibe la devolución de la provocación
y es golpeada por Isidoro. Solo en ese momento Benjamín interviene; y si la
contemplación del cuerpo de Liliana lo había detenido en el voyeurismo, ahora
dice, reaccionando con violencia: “A ella no la toques”. La personalización
establece una nueva distancia: no es lo mismo Irene (la mujer de la que
Benjamín está enamorado) que Liliana (violada, asesinada y convertida en objeto
de la mirada). O lo que es lo mismo: si bien Benjamín expresa el horror ante la
violación y el asesinato consumado, ¿habría tenido la misma reacción ante el
golpeador/violador si la víctima no hubiera sido el objeto de su amor?
Hay un punto en el cual es necesario volver al comienzo. Se ha dicho que la perspectiva de Benjamín permite que la película estructure la narración de la violación desde la imaginación. Se elige imaginar la violación para ponerla en pantalla. Sin embargo, resulta llamativo que el procedimiento no se utilice de la misma manera en todos los casos, demostrando así que la elección está pautada por intereses y miradas de género.
El
otro acontecimiento marcado por la violencia en el relato, es el de la muerte
de Sandoval. Nuevamente, Benjamín no es testigo de lo ocurrido y la narración
lineal en ese tramo lleva de la salida de Benjamín de su casa para regresar con
la esposa de Sandoval y encontrarlo asesinado sobre su cama. Más adelante,
cuando Benjamín encuentra a Morales, el diálogo entre ambos transcurre
alrededor de la necesidad de olvidar o recordar. Morales deja en claro que el
recuerdo de un acontecimiento es una elección subjetiva:”Recuérdelo de la
manera que más le guste”, le dice. Y entonces, Benjamín, como si le hiciera
caso, imagina la escena del asesinato, completa los espacios vacíos de la
muerte de su amigo como si se tratara del sacrificio de un héroe: asumiendo su
lugar, tapando la foto que podía delatarlo y eligiendo ser asesinado en la
oscuridad y sobre la cama. Pero con un detalle adicional: el momento del
asesinato del amigo es “imaginado” por Benjamín en fuera de campo. Escuchamos
los disparos mientras la cámara se mantiene fija en el portarretratos dado
vuelta.



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