JOAN BAEZ: I AM NOISE - ESCUCHAME DESDE EL RUIDO

1.”Tenía la voz adecuada para el momento adecuado” dice Joan Baez recordando su pasado y tratando de explicar el éxito repentino que la llevó a llenar bares en apenas una semana y a ser la mayor estrella en el firmamento de la música folk estadounidense en unos pocos meses. En todo caso, esa voz, adecuada para el momento, era un destilado. Una confluencia entre las raíces mexicanas y la herencia de la conciencia social y la desobediencia civil y un momento en el que la canción folk enraizaba con el mundo convulsionado de la década del 60. 55 años después, la misma Baez dice que “tengo la voz que reflejan 60 años de carrera”. Lo que puede haberse perdido de frescura juvenil se compensa con la madurez de quien no necesita demostrar virtuosismo.

2.Ser un ruido no era para cualquiera. La connotación negativa habitual debe ser revertida: el “ruido” es una falla en el sistema, una alteración de una sonoridad ya establecida. Es lo que irrumpe para desestabilizar. Cuesta entenderlo a la distancia, pero hubo un tiempo en el que entre el rock’n’roll inicial y básico y el virtuosismo del jazz parecía no haber nada. Allí entraron como cuñas los Beatles y los Rolling Stones. Y también Bob Dylan. Pero antes, Joan Baez. Esa mujer que eligió andar descalza por la vida, primero porque se creía la reencarnación de la Virgen María. Después, porque era su forma de conectar con el mundo. Joan Baez hizo ruido –se convirtió en él- incluso desde la paradoja de “no hacer ruido”.

3.”No se me dan bien las relaciones personales, lo mío son las multitudes”, dice. No hay soberbia ni palabras para la tribuna que implica el público. De manera discreta, la película es un retrato fiel de esa frase. De un lado, las relaciones sin final feliz (Kimie, Bob, David) y las conflictivas con padre, madre y hermanas (en especial con Mimi, la menor, que no entendió que no podía competir en el mismo terreno que su hermana). Del otro, la participación en marchas y eventos por los derechos civiles, las iniciativas para salvar el mundo y hasta sus propios shows. Alcanza con ver la forma en que se relaciona con las mujeres negras a la salida de su recital en Selma para entender el concepto.

4.Sin embargo, hay una felicidad escindida que el documental refleja. Un momento específico en la cúspide de la fama la encuentra desorientada entre la necesidad de captar la atención y la de no tenerla. Entre la exposición y la invisibilidad. Reclusión, aislación, años sabáticos. El lugar en el mundo era una entidad difusa, una pregunta sin respuesta entre la música y el activismo. Sus dos relaciones siguientes pusieron orden en ese caos duplicado. Dylan lo traería desde la música. Hay dos menciones que hace Joan Baez sobre Dylan que son belleza pura, declaración de amor musical y personal. “Cuando apareció Dylan, todas las canciones empezaron a tener sentido aunque no lo tuvieran”. Y cuando habla del momento en que lo vio tocando “A hard rain a-gonna-fall” dice que “una persona correinte no escribe canciones así”. Quizás no haya mejor forma de referirse a Dylan. David Harris traería lo político, el activismo. “Yo cantaba y él hablaba” dice para simbolizar la complementariedad que el hijo de ambos terminará por encarnar. Con David en la cárcel por 18 meses, algo se quebró pero en ella, solo en ella. Si Dylan le rompió el corazón, con Harris fue ella quien asumió el fracaso por ser buena esposa y madre entre la neurosis y la locura.

5.En algún momento, la confesión vuelve sobre la música, pero advirtiendo el contrapeso. Al éxito de Diamonds and rust, el primer disco que planteó desde lo musical antes que desde lo político, le sigue el retorno a esa idea de que podía hacer lo que quisiera. Su carrera empieza a decaer entre malas elecciones y consumo de ansiolíticos. El último escalón de ese descenso, parece entender Joan Baez es el concierto de Amnesty. La sensación de no saber dónde estaba ni qué estaba haciendo. La canción que cantaba allí era el éxito de Tears for Fears, “Shout” (“Grita”). Algo estaba diciéndole esa canción que en ese momento no podía ver.

6.”Ahora, suéltalo todo. Es hora”, dice una voz que se revelará como la de su terapista. Joan tiene 50 años en ese momento y algo monstruoso parece estar viviendo en su interior desde hace años. Mimi abre la puerta y la hipnosis hace el resto. Lo que explora hacia adentro es como esa imagen en la que vemos a Joan abrir la puerta de ese galpón que guarda los archivos visuales y sonoros de la familia. Es como entrar en el espacio del cerebro que guarda los recuerdos para enfrentarse de nuevo a ellos. La tendencia –y la posibilidad- de las clases medias estadounidenses por registrar y conservar la memoria familiar no solo en fotos, sino en filmaciones y grabaciones de audio, restablecen ese nudo familiar que no podía ser desatado. A diferencia de otros documentales, ese material no opera como explicación del personaje sino que revela un cruce que implica salir del silencio y gritar. Lo que en la música fue esa conciencia social en la vida personal terminó siendo la conflictiva relación con los padres.

7.El último show de la gira es el último show de la trayectoria. Un cierre que señala la duda que subyace: si será capaz de abandonar ese territorio propio, esa familia elegida que transitó durante años. El documental se mueve en el “mientras tanto”, como si en el mismo radicara la resistencia a abandonarlo. Ese tiempo de la gira final que justifica la evocación es paradójico: muestra el paso de los años, pero sostiene que la Joan Baez de la juventud sigue siendo la misma de la madurez. Que no hay diferencias entre la que se embarca con la troupe de Dylan en la Rolling Thunder Revue y la que en París baja del hotel para bailar con los jóvenes percusionistas en la plaza. En la canción final de ese concierto, Joan está sola en el escenario, con su guitarra. El devenir de esa canción revela que no, que no está sola. Que su banda está detrás de escena, expectante. Y que las luces del teatro, al encenderse en el final, muestran la multitud, el abrazo, la ovación. El ruido que Joan hizo de sí misma y que trasladó a los demás. 

 

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