PRESENCE: EL TERROR ES LO REAL

Si alguien ve el tráiler de Presence para decidir si va a ver la película, puede llevarse una sorpresa. El tráiler “vende” la película como un producto más del género de terror, articulando entre un diálogo que sostienen Chloe y Ryan alrededor de la muerte y un montaje de escenas que resaltan lo presumiblemente terrorífico (temblores, luces que se encienden y se apagan). Pero esos elementos son menores dentro del ecosistema de la película: existen, pero aparecen concentrados en momentos específicos, situaciones de una brevedad inusual dentro de lo genérico, siempre tendiente a la ampulosidad y la exageración.

Quiere decir entonces que Presence no es una película de terror?. Hay que pensar que los límites territoriales suelen ser algo difusos y que en todo caso, la película se mueve por ellos con cierta fluidez. Hay algo de drama familiar que asoma especialmente en la primera parte; la irrupción de elementos fantásticos que en algún momento puede pensarse como virajes hacia el terror (de los objetos que se mueven de la cama al escritorio a la caída de la estantería del mueble) y elementos del thriller urbano. La combinación de esos materiales es lo que genera el clima enrarecido en el que se mueve el relato. Pero además, el trabajo de recorte (toda la película parece una sucesión de retazos de la historia que cuenta) y la función de las elipsis entre las escenas ponen en tensión la construcción del clima interno de cada escena.

Lo interesante, en el sentido genérico, es que, a contramano de lo habitual, Soderbergh se rehúsa a hacer presente, paradójicamente, a la “presencia”. Le quita corporalidad, y con ello, visibilidad, pero también la despoja de las motivaciones habituales. Al comienzo, Chloe sospecha, conjetura que eso que intuye que está allí es la presencia de Nadia, su amiga que apareció muerta poco tiempo antes. Pero cuando la vidente entra en la casa, esa certeza se vuelve difusa: hay una presencia que ni siquiera sabe por qué está allí y que solo sabe que hay un para qué en el futuro, que tiene que ver con una ventana rota. Sin un objetivo preciso, sin identificar, la presencia pierde entidad como para convertirse en un elemento aterrador. Es algo que está allí, que da ciertas señales que funcionan como límites y que, como intuye Chloe, no quiere hacer daño a nadie.

Pero la presencia que aparece como un continuo es la de la cámara. Sin subrayarlo, la cámara se convierte en los ojos de esa presencia que circula entre los personajes. La breve escena en la que el pintor cuenta al capataz que su compañero de trabajo insistió en que no entraría en esa habitación de ninguna manera es una señal: la cámara está allí adentro, observando, como si se tratara de la presencia.  La cámara entonces recorre el espacio una y otra vez, serpentea entre las habitaciones sin buscar nada preciso. Una serie de decisiones de planificación la delatan. Cuando se refugia en el armario de Chloe. Cuando se afirma que su territorio es el interior de la casa (cuando los personajes salen o llegan, solo puede observarlos desde una ventana). Cuando la mirada de los personajes vira hacia la cámara, como si intuyeran que allí hay algo –notoriamente en el giro de Rebekah en el final-. Y finalmente, cuando ha terminado todo y la cámara sale de la casa, como indicio de la liberación de la presencia.

Lo que construye la película, más que una posible inversión del relato tradicional de terror es un mundo en el que lo visible pero que no podemos ver es lo realmente terrorífico. Que es lo real lo que asoma como presencia destructiva y que son las conductas humanas las que constituyen lo amenazante. Y que hasta detrás de una muerte aparentemente inexplicable, hay una cadena de actos que puede dar cuenta de ella. El pasaje de la muerte al asesinato es lo que distingue al terror fantástico del real, lo que lo vuelve más poderoso porque está allí, tiene formas reconocibles, aunque los actos puedan permanecer en las sombras. Presencia parece plantear entonces que es solo cuestión de saber ver y de detectar las señales de lo extraño y amenazante que anidan en lo real para desarticular el terror y sus consecuencias.

 

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