JURADO #2-ENSAYO SOBRE LO QUE NO SE VE

*Las películas sobre juicios parten generalmente de una postura ética. Suelen ser una observación sobre “la Justicia” como idea y como la forma institucionalizada por la que se trata de llegar a ella. Y por lo general, acuden a un binarismo que está en la base del sistema: victimario/víctima, acusación/defensa en donde el equilibrio de esas instancias está dada por la representación de la legalidad en el Estado (juez, jurados). Lo que suelen plantear esas películas es el funcionamiento de un sistema y la forma en que actúa para establecer primero una verdad irrefutable sobre los hechos y luego, administrar las leyes e impartir justicia sobre el acusado. Son una ilusión: imágenes positivas que tienden a reforzar la creencia en un sistema impoluto en el que no entra en juego el mundo exterior. Hechos despojados de implicancias y contextos, personajes despegados de cualquier lazo con el lugar donde viven. La sala de audiencias como un laberinto aislado donde solo se ponen a prueba conductas en el vacío. Por eso nadie recuerda a la mayoría de las películas de juicio, todas tan iguales entre sí. Por eso subsisten películas como las de Fritz Lang, como Fury o Beyond a reasonable doubt.

*A Clint Eastwood no le interesa el funcionamiento del sistema. Y tampoco lo obsesiona la construcción de un paradigma que sostenga la creencia en la justicia. En Jurado #2interesa la falla, pero no para obturar a la justicia, sino para comprender su inevitabilidad y llevar lo sistémico a una situación más realista. Hasta puede pensarse que todo el interés en el sistema se vuelve puramente descriptivo en tanto no lo formula como acusación. Desplazado lo ético del centro del relato, lo que importa está en la relación que los personajes establecen con el hecho. Ese desplazamiento se advierte en el personaje de Justin, el jurado n° 2, cuya condición varía durante el relato. Al comienzo, el recuerdo de Justin lo ubica como testigo de la disputa de la pareja en el bar. No hay ocultamiento ni aprovechamiento de la situación: recién en el juicio advierte que la muerte de la mujer se produjo aquella noche de lluvia en la que estuvo en el mismo bar que la pareja involucrada. La evolución del recuerdo –una recuperación casi cronológica que va haciendo Justin durante el juicio- lo lleva a pensarse como potencial sospechoso. Pero incluso cuando se mueve hacia ese lugar no omite la consideración respecto del acusado. Su acción en el interior del jurado no es simplemente la de la disidencia original, sino la de la encarnación de la necesidad de volver a pensar los hechos sin adherir a la formulación como verdad de una de las partes (en este caso, la del fiscal). La lógica de Justin es la que sostiene, en principio, la inocencia, hasta que se pruebe lo contrario. Una lógica que se aplica a la ausencia de una prueba contundente contra el acusado y el riesgo de terminar acusando a un inocente. Pero también un equilibrio tan tenso que se transmite al resto del jurado: el empate en el veredicto replica ese lugar en el que se sitúa Justin, entre el acusado por la ley y la posibilidad de ser él mismo, acusado.

*Lo notable es que la relación que se establece entre los personajes aparece marcada no tanto por las instancias “legales” sino por una cierta informalidad que termina revelando a las audiencias del juicio como una puesta en escena continua. Por fuera de ese espacio de actuación en el que cada uno ocupa un rol determinado, esas instancias se desdibujan, cruzando fronteras. La convivencia de la fiscal y el abogado defensor en espacios de sociabilidad puede pensarse como el más explícito. Pero de la misma forma, el espacio de reunión del jurado se sale del estricto rol que cumplen para establecer un diálogo que lo excede y que muestra el cruce de los intereses personales con la obligación legal que parece quedar siempre en segundo plano. Si el jurado parece una representación a escala de la sociedad (descendientes de orientales, de africanos, jóvenes, viejos) también representa el prejuicio y el desprecio por lo colectivo ante lo cual se impone la necesidad –o la rutina- individual. Y en todo caso, el derrotero de las deliberaciones termina por poner en pantalla la virtual imposibilidad de arribar a un consenso que no implique la resignación de la postura de alguno de ellos.

*Hay dos elementos sobre los cuales Jurado #2 establece su potencia. El primero es la forma en que la narrativa se sostiene por una tensión creada por dos vías. Por un lado, la decisión de fragmentar el recuerdo de lo ocurrido desde la perspectiva de Justin, implica sostener la ausencia continua de alguna pieza del relato. Es siempre un relato abierto, discontinuo, que va sumando elementos que permiten pensar la escena desde un lugar cada vez más complejo (con un retorno a ese recuerdo cerca del final que es la clave de la visión de Justin sobre el acusado). Por el otro, por un entramado que tiende a poner en el mismo plano al acusado y a Justin, especialmente en la escena del interrogatorio. De esa manera, lo que prioriza la película es un crescendo narrativo situado en las decisiones que va tomando Justin en relación con su lugar en esa historia, antes que por la idea de si corresponde o no contar lo que sabe.

*El otro elemento es la persistencia de una zona no visible para los personajes y que solo se revela como tal a los espectadores. Hay algún elemento que siempre está escapando a la visión de los personajes porque algo se interpone ante ellos –o simplemente porque no han prestado la atención suficiente. Una naturalización de las acciones que al no ser puestas en duda, se constituyen en un desvío, un torcimiento –muchas veces involuntario, otras premeditado que lleva a una percepción diferente de los hechos. Una fiscal que no advierte el vicio del proceso de acusación. Unos jurados que no ven el uso político del juicio por parte de la fiscal. Autoridades que no pueden detectar que un jurado es al menos un testigo y el otro un ex detective policial. Un juez que no puede ver el complejo pasaje del empate en el jurado a la toma de una decisión unánime. Donde ese elemento aparece de manera contundente es en el testigo que dice haber visto la camioneta detenida en el lugar del hecho y a un hombre al que señala –y allí hay un juego interesante con Justin tratando de mantenerse en el espacio de lo no visible- como el acusado. Y también en el recuerdo de Justin sobre el hecho. Porque en un caso y otro, se interponen elementos –la oscuridad y la distancia en uno; la lluvia y la leve distracción en el manejo en el otro- que obstruyen la fiabilidad del relato. En esas escenas, Eastwood procede de manera opuesta, en tanto en la primera sostiene la perspectiva del testigo pero en la segunda sustrae la posibilidad de una subjetiva porque es necesario recalcar la no visibilidad que los llevan a la confusión; a la afirmación de una verdad –o una versión- tranquilizadora para ambos pero que se desarticula como tal desde la imagen. Lo interesante es que la imagen no contradice a los testigos, sino que instala la imposibilidad de aquellas certezas tanto como de las que pueden derivarse de las imágenes. El valor de Jurado #2 es no resignarse a una búsqueda de un relato real, sino señalar que esos puntos ciegos instalan una duda imposible de resolver, porque más que interesarse por aportar pruebas para resolver el hecho, hace hincapié en los relatos personales que no pueden pensarse más que como versiones de esos hechos.

 

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