REVELAR - HISTORIAS DE APARECIDOS

*Hay en Revelar una decisión que se sostiene a lo largo de todo el documental: poner el foco en las entrevistas a los nietos recuperados sin interponer otros elementos que puedan interferir con ellas. La elección de los planos fijos en espacios neutros (lugares cerrados pero luminosos, sin detalles distractivos) tienden hacia ello: resaltar que lo que importa es volver al relato en primera persona de la experiencia de recobrar, a la vez, la identidad robada y la familia de la cual los arrancaron. En ese sentido, es posible pensar a Revelar como una continuidad –a partir de esos procedimientos que utiliza- de la seminal Botín de guerra (de hecho, uno de los entrevistados usa la frase para referirse a la visión de los apropiadores sobre los bebés secuestrados).

*Entonces, lo que se propone es un recorrido, en donde las puntas a partir de las cuales comenzar a explorar las historias se van separando por planos ajenos en los que se trabaja tanto la imagen como reflejo (el revelado de fotografías) como representación (la reconstrucción artística de los rostros mediante la pintura) y por las palabras que provienen de la lectura de Angela Urondo Raboy de fragmentos de su libro “Quién te creés que sos”. El dispositivo tiende a encontrar en los siete casos seleccionados las huellas de los trazos comunes, aquello que se reitera de uno a otro. Un modelado colectivo en el que las experiencias individuales adquieren otro sentido. Si esas experiencias resultan verse como algo que oscila entre lo fantástico y lo increíble, lo es porque la contigüidad en el montaje las pone en relación directa. Una apelación a esos restos de memoria de cuando todavía no podía hablarse de ello (esas melodías, esos nombres que resuenan y que quedaron guardados desde los primeros días de vida y que se activan sin que se sepa por qué, muchos años después) y las respuestas infantiles que en retrospectiva se ven como indicios de eso que se percibe pero está oculto (“Yo no te quiero a vos, quiero a mi mamá”; “Soltame la mano que vos no sos mi mamá”) resaltan esas similitudes en lo vivencial.

*Pero es también un pasaje por la evolución de cada uno de los involucrados que los llevó al descubrimiento de su identidad real y el procesamiento de eso que se vislumbra como nuevo (y es por ello que Claudia Poblete insiste con la idea de que la suya era “una vida que nunca empezaba y un día empezó y no paró más”). Un proceso que se cifra en la existencia de una duda inicial –y resulta notable cómo la duda se instala desde la observación de lo distinto, de no encontrar el lugar en el que se entra en esa estructura familiar, y que va de la estatura a la ausencia de fotos del embarazo- que cristaliza en la pregunta y la búsqueda de las certezas. Pero que traspone esa barrera para situarse en un tiempo posterior: en la forma en que pesan los nombres falsos impuestos por los apropiadores y las fechas de cumpleaños fraguadas; en la imposibilidad de haber compartido una época de la vida con la familia verdadera y por sobre todo, en la dificultad que implica armar una imagen de los padres.

*La cuestión que se le presenta al documental es cómo sortear las dificultades que puede implicar el conocimiento previo de algunas historias, especialmente de quienes han tenido mayor exposición pública por el lugar que fueron ocupando en la escena política (como Horacio Pietragalla y Victoria Donda). Una primera respuesta puede ser la puesta en relación para correrlas del ámbito puramente individual. Lo importante es que logra derivarlas hacia una implícita construcción de la idea de plan sistemático: la reiteración de los hechos y de los procedimientos es la señal indudable de esa sistematización. Una segunda respuesta puede hallarse en la apuesta por las historias singulares tanto del descubrimiento como del reencuentro familiar en donde adquieren un peso diferente las historias de Guillermo Amarilla Molfino o Guillermo Pérez Roisinblit. Es allí que se advierte que el juego de cierta ambigüedad que plantea el título del documental se inclina hacia una perspectiva que parece chocar con la idea que transmite el afiche. Si en éste el peso parece inclinarse hacia la idea de revelado de una imagen –que en el contexto del documental solo adquiere cierta resonancia cuando los protagonistas de las historias hacen mención a las fotos de sus padres-, en la totalidad gana espacio la noción de revelar una historia, de ponerla a la luz, como forma de recuperar la identidad y la historia personal.

 

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