MILITAR EL CINE ARGENTINO: LAS PALABRAS Y LOS MEDIOS
1.Estas líneas
surgieron a partir del texto de Diego Lerer (https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/plataformas-streaming-apuestan-clasicos-latinoamericanos/) pero solo como un disparador.
Lerer obviamente no es el único culpable de esa tendencia contradictoria que
tienen los medios y los críticos de plantear la defensa del cine argentino pero
no escribir o hablar sobre él (a eso me referí en este posteo: https://www.facebook.com/joseluis.visconti.5/posts/pfbid02evdbwNMjy712VZwSyjwTqhCNHEcJhSNASurfcwNjhBkmWZcuWkuCLgYRopv1oN2il) dedicando ese espacio a las
producciones de las plataformas.
2.Debería entenderse,
de una vez por todas, que las plataformas no necesitan la publicidad gratuita
que les proveen algunos periodistas de medios masivos. Aún más, en un diario
como Tiempo Argentino –o Página/12-, la contradicción molesta y es innecesaria:
dudo que la mayor parte de los lectores de esos medios tengan en el centro de
su interés la pauta de estrenos mensuales de Netflix o cualquier otra
plataforma. Y si lo tienen es porque desde el surgimiento, esos medios no han
podido escapar de la trampa de promocionar esos contenidos. Peor aún, en
Página/12 se tiende a igualar la crítica de estrenos en sala con las de las
plataformas como si fueran lo mismo.(Que Mubi tenga otro tipo de programación
no significa que no sea una plataforma).
3.En tren de pensar,
además de cierto cálculo parece haber pereza. Por generar una agenda propia
–del medio o del periodista- que se despegue de lo establecido desde la
centralidad del sistema de distribución y exhibición. Por escribir sobre
aquello que no viene moldeado desde la información de prensa. O lo que es lo
mismo: se puede escribir sobre la programación de cualquier plataforma si a la
vez se exhibe una mirada crítica que logre separar lo potencialmente valioso de
lo que sigue apostando por la medianía y la corrección política.
4.El espacio que
ocupan los periodistas y críticos en hablar del último –o futuro- estreno de
una película o una serie en una plataforma termina obturando cualquier expansión
de la mirada sobre el cine argentino. En un momento en el que la trampa en la
que metió el actual gobierno al cine argentino encuentra algún lugar por donde
comenzar la disputa, se reactualiza y potencia el problema central: nadie va a
ir a ver algo de lo cual no conoce ni siquiera su existencia.
5.La trampa, resumida, es la siguiente: el gobierno quita los subsidios argumentando que mucha gente
vive de ellos. Sé que es importante que no se plantean números ni situaciones
reales, pero a los fines de la explicación vamos a tomarlo como válido (de
hecho, el gobierno no acepta ninguna discusión ante su discurso que, por lo
tanto, se vuelve inamovible). La trampa está en que si se decide no seguir
filmando por falta de fondos, se le está dando la razón. Y si se sigue
produciendo también, en tanto quedaría demostrado que no es necesario una
política de subsidios al cine.
6.El punto de posible
reversión está en la idea absurda planteada desde el mismo gobierno: solo se
subsidiará a las películas que demuestren captar una audiencia. La solución
parecería ser simple: llenar las salas que proyectan cine argentino. Bueno, no
es tan fácil como parece. Durante años, el INCAA descuidó un aspecto básico
como es la publicidad: nadie sabe muy bien qué películas argentinas se dan en
los espacios INCAA de todo el país. En el mejor de los casos, alguna red social
da la información, pero en muchos casos, no hay marquesinas con cartelería
gráfica o digital que anuncie lo que se proyecta. A lo que hay que sumar la
actual política que además no parece interesada en programar con cierto
adelantamiento.
7. Sumemos. En los
medios masivos, el espacio dedicado al cine argentino se concentra en los
estrenos más industriales –algunos de ellos justamente coproducidos por las
plataformas-. Y cuando llega el momento de la crítica hay que tener suerte para
que se ocupen de uno o dos por semana. Atados a la especificidad de la gráfica
–que evidentemente impone limitaciones-, ni siquiera atinan a dedicarle más
espacio en sus ediciones digitales, contribuyendo con el ocultamiento que
promueve el sistema. Un postulado que cada tanto resucitan los medios en su
beneficio es que el periodismo es la primera versión de la historia. Lo que se
deduce es la falta de interés por escribir esa historia y de convertirse en
relatores privilegiados de la misma. La misma inmediatez que los lleva a llenar
sus espacios digitales de tonterías y banalidades surgidas de las redes (sin
darse cuenta que ese es el verdadero enemigo del periodismo) es la que les
impide observar lo que debe y puede permanecer en el tiempo.
8.Por fin, periodistas
y críticos, aparente último eslabón de esa cadena, contribuyentes finales al
desconocimiento del cine argentino. No es que lo ven y después lo omiten. En la
mayor parte de los casos, no lo ven: basta con asomarse a cualquier privada en
la DAC o preguntar a cualquier agente de prensa cuántos piden los links de
visualización. La prueba más contundente aparece en los habituales resúmenes
anuales de los medios sobre el cine argentino a los que nos tienen
acostumbrados promediando diciembre. Allí nunca se escribe de más de 7 u 8
películas –la mayoría de ellas, “eventos” importantes-, generando la sospecha
de que no deben haber visto mucho más que eso. El otro problema son los periodistas
todoterreno de las radios y la TV que así como hablan de una película, hablan
de una serie, una obra de teatro o un recital: uno no puede ser crítico o
recomendador de cualquier tipo de arte que se le cruce por delante, sobre todo
porque tienen sus especificidades y sus reglas diferentes (así como no puedo
juzgar un recital solo por la puesta en escena, no se puede juzgar a una
película solo por la banda de sonido musical). Unos y otros juegan el juego del
sistema: el cine argentino les sirve mayormente cuando aparece el conflicto que
se transforma en noticia. Lo que no se entiende es que todo estreno de una
película es, en sí mismo, una noticia. No darla, ocultarla, es sesgar la
información.
9. Alguien me dijo que
escribo en Hacerse la Crítica sobre esas películas que “nadie ve”, como insiste
en su descalificación el actual gobierno a través de su vocero. Es cierto, de
la misma manera que no es una práctica actual, sino que lleva años. Que ahora
sea más necesario no implica que en otros momentos no lo fuera: los estrenos
argentinos desde hace años quedan huérfanos en la prensa y la crítica. No hay
quien los defienda ni tampoco quien los discuta: no hay, en fin, quien dé
cuenta de ellos. Habría que entender que allí hay una posible tarea militante:
hay que militar el cine argentino desde el lugar en el que cada uno se
encuentra, para que más gente vaya a verlo. Para que se lo entienda y se lo
valore, no solo como parte de la cultura nacional, sino por su valor
cinematográfico. Es una militancia posible pero ausente. Habrá que ver,
entonces, si más allá de las palabras, alguien se hace cargo.





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