SOBRE NADAR: MUJER ANFIBIA

Dominique está, de acuerdo a lo que dice su entrenadora, en su mejor momento. Acaba de conseguir la clasificación a un torneo que se intuye importante, -en tanto habilita un festejo con su pareja-, sus tiempos en la pileta van mejorando y hay perspectivas de superación. Pero incluso en esa escena entre nadadora y entrenadora se advierten los primeros indicios de incomodidad: Dominique escucha, no dice nada, finalmente se va. Es un diálogo roto que la gestualidad de lo cotidiano sostendrá en otros ámbitos (la molestia por el olor a pescado cuando cocina su pareja; el gesto de tirar el vino que le sirve la madre). Por lo que queda de manifiesto a partir de ese momento que la perspectiva sobre la vida de Dominique será puesta desde la mirada ajena: la felicidad y los logros no provienen de las sensaciones del personaje sino de lo que en ella depositan los otros (la entrenadora, su pareja, su hermana, la madre).

El elemento que cambia la totalidad del universo del personaje es su embarazo. Hay allí una decisión interesante de la película, que no contrapone el embarazo con el desarrollo profesional: más que la idea de que la maternidad interrumpe las posibilidades de competir como nadadora, lo que aparece es algo de otro orden que solo podrá expresarse cerca del final (“No puedo, no quiero, perdón”). En Dominique, lo que se pone de manifiesto es una carencia: no hay instinto maternal, no hay deseo y se vislumbra un distanciamiento que ni siquiera el acercamiento ocasional a sus sobrinos puede despejar. Las señales no pasan solamente por el silencio del personaje sobre su estado: están en el momento en que abruptamente le revela su estado a su pareja, acompañado de una cara extrañada. Y sobre todo, en la decisión de no cambiar sus rutinas: el momento en el que se dispone a correr en la cinta en su casa, pero debiendo quitar antes lo que ha comprado su pareja para el futuro bebé, se revelan como la puesta en escena precisa de una invasión, de un espacio ocupado que tiende a reducir el propio a lo mínimo.

La afirmación de Dominique sobre sí misma se manifiesta en la huída. Un escape que comienza en la continuidad de la rutina (correr, nadar) y que se contrapone con la anormalidad que implica el embarazo (es sangre que se pierde, consultas médicas, incomodidad). Y que se continúa en cada intento del entorno por retrotraerla a la quietud. Esos espacios de soledad (el bosque por el que corre, la pileta) se convierten en refugios en los que se experimenta una forma de la interioridad del personaje que otros ámbitos le niegan. Lo interesante es que en Sobre nadar, esa interioridad no se expresa en palabras sino en sonidos de un traspaso que se asume más profuso en el agua, de los sonidos del entorno a una subjetividad que, en el movimiento del cuerpo, refleja los remolinos, la turbiedad. La imposibilidad de aceptar el deseo del otro como propio que aparece como un acto culposo primero, se revela liberador en cuanto Dominique emprende la última huida, ya sin nadie que la busque, para encarar la carrera hacia el mar.

Quizás lo más interesante de la película se encuentre no solo en la determinación del personaje para construirse a partir de su propia voz, sino en la forma en que Dominique es construida como un personaje anfibio. Que puede ir de la tierra al agua y ambos son territorios propios, personales. Si el espacio natural de Dominique debiera ser la tierra firme, ésta se revela como un territorio inestable y continuamente conflictivo. Que ese conflicto se articule entre el deseo personal acallado y la presión del entorno familiar y profesional, entre lo que el cuerpo pide y lo que se le exige (entrenar, ser madre), va estableciendo el agua como espacio para la disolución de esos conflictos. El agua calma, se lleva la sangre. No parece casual que pueda contarle a su pareja sobre el embarazo, solo después de haber permanecido sumergida en la bañera. El agua le da a Dominique la integridad y la fuerza. Los planos nadando en aguas abiertas, por tanto, se observan como deseo, como espacio onírico posible que el final concretará: Dominique se ve allí, se desplaza hacia ese lugar cada vez que el conflicto asoma. Pero si esos corrimientos son parciales a lo largo del relato, el final parece asomarse a una continuidad: Dominique está en una playa, pero en verdad parece asomarse a la profundidad de un abismo hacia el cual solo queda correr y arrojarse.


Disponible durante mayo 2024 en Comunidad Cinéfila (https://www.comunidadcinefila.org/)

 

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