FERRARI: LA GRAN GUERRA

1.La guerra destruyó la fábrica original de Enzo Ferrari. Un bombardeo, dice. Su recuerdo es en esa escena de destrucción, entre los escombros, en contraposición con la noticia del embarazo de Lina, su amante. También la primera guerra le trae un recuerdo con cierto rencor. Una cuenta que parece pendiente, cuando Agnelli, dueño de la Fiat, le rechazó el pedido de ayuda. Treinta años después de ese episodio, Enzo funda Ferrari como empresa constructora de autos. LA guerra ha terminado. Es el comienzo de otra.

2.La pregunta parece ser para qué se erige una fábrica de autos para competir en carreras. La explicación que surge habitualmente tiene motivaciones económicas: la Fórmula 1 vivía un período de popularidad y expansión en esos años de posguerra. Las carreras, como le dice el contador a Enzo, eran el principal aliciente para después poder vender autos deportivos. Ganar para tener más pedidos y así vender más. Y realimentar el círculo: dinero que permite evolucionar en las carreras para poder seguir vendiendo. Capitalismo en esencia: el evento deportivo como una especie de publicidad encubierta para vender otra cosa en la vida cotidiana.

3.Una guerra no es UNA guerra. Son varias guerras que se disputan al mismo tiempo. Lo que cambia es el espacio en que se desarrolla. En la guerra se le llama frentes, para distinguir la disputa con unos y otros. Para Enzo, los frentes se multiplican. Con Laura, su esposa -no es casual que la primera vez que los vemos juntos, ella le dispara-. Con Lina, su amante, por el reconocimiento de su hijo. En el interior de su empresa, por una posible quiebra en el horizonte y por su decisión de no ceder el control. Hacia afuera, con Maserati, duelo sublimado en las pistas por un predominio que la obsesión por un record efímero plantea desde el comienzo como algo extremo.

4.En la guerra hay bandos. Irreconciliables. Por eso se combate. Y también hay alianzas. Enzo, el commendatore, es la apoteosis del hombre que triunfa con su empuje y su obcecación. Pero Enzo es el motor y el que comprende que no puede triunfar solo en una guerra. Que el motor debe estar acompañado de un chasis que transforme el auto en competitivo. La alianza con pilotos y técnicos va más allá de la relación entre patrón y empleado aunque la contiene: los pilotos son los soldados de las batallas particulares, los que deben ir al frente para conseguir el triunfo. Enzo es el general que desde las alturas domina la lucha desde la estrategia. La alianza con Laura es más compleja: se desplaza de lo familiar a lo comercial, transcurre entre papeles y documentos. Se confirma como una sociedad para potenciar las posibilidades mutuas: Laura es hábil y comprende que el egoísmo personal la lleva a perder y que su única posibilidad de triunfar es seguir apostando a Enzo imponiendo sus condiciones.


5. Sobre todo, en la guerra, es importante el manejo de la información. En la guerra automovilística, los propietarios se tratan con cierta caballerosidad pública y hasta comparten algunos detalles generales de información. En definitiva, la guerra que entablan en las pistas tienen como fin conseguir el dinero que los saque de las dificultades financieras. La información como base  de estrategias, de inteligencia y contrainteligencia -la llegada de Behra para sumarse a Maserati está planteada como si se tratara de una situación de espionaje-. En la guerra, la información implica una ventaja: la entiende Laura, cuando un error de datos en el banco abre una sospecha que confirmará más pronto que tarde y que le servirá para imponer condiciones a su esposo. Donde ese ejercicio se pone de manifiesto es en el protagonista. Ha sostenido en el ocultamiento la presencia de Lina y su hijo ante su familia -cuando todo Módena parece saberlo-. Maneja discrecionalmente la relación con los periodistas: echa de la conferencia a los que lo criticaron, llama aparte a quien le genera confianza para una alianza puntual. Hace divulgar la información que le permitirá negociar un aporte monetario para recuperarse y generar nuevas alianzas que reconfiguren el territorio donde se desarrollan las batallas. El llamado de Agnelli durante las 1000 Millas traslada la lógica empresaria (la competencia Ferrari vs Maserati) a una lógica nacional: “Ferrari no puede ser extranjera, es territorio nacional”. El sentido de pertenencia se impone en algo que se vislumbra en esa posguerra: el avance de los motores traseros Ford que dominarían el automovilismo deportivo en las décadas siguientes. El otro lado de esa guerra ya no es una marca, sino el capital norteamericano.

6.Ante todo, la guerra es muerte. Es pérdida. Son cuerpos a los que se despide para no volver a ver (la similitud entre la despedida del hermano de Enzo en la estación y la de las novias de los pilotos). La muerte en el pasado es una marca en Enzo -sus compañeros muertos en el accidente- que se reitera en el presente. La guerra son cuerpos muertos en la tierra: el de Eugenio, el de los que mueren en el accidente de De Portago. Máquinas de guerra abandonadas o destrozadas en el camino. Recuerdos de hijos muertos -hijos equivocados, como le dice la madre, como piensa su esposa-. En la guerra, la gente muere. Los que mueren no son los que entran en guerra o definen las estrategias, sino los que llevan adelante las órdenes o los que intentan sobrevivir en los territorios en disputa. Los detalles son los que definen las muertes: un borde del camino, un neumático gastado, una caja de velocidades que se traba, un freno que no funciona. Lo importante no es la muerte, apenas un titular en los diarios de los días que sigan. Los cuerpos de Gudizzolo sostienen la continuidad de esa guerra con su sangre derramada. La historia se cierra casi como se abre: en un cementerio. El lugar de los muertos, el lugar en el que Enzo cimenta su emporio, ese espacio que las guerras siguen ampliando. 

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