MUCHACHOS-LA PELÍCULA DE LA GENTE: LA ARGENTINIDAD Y LO COLECTIVO



Muchachos tiene una diferencia notable con Elijo creer: sus procedimientos son los del cine, no los de la televisión. Parte de ellos y de su pariente bastardo, las imágenes que circulan por internet, para construir desde el montaje, un discurso que rodea al hecho futbolístico de lo que lo complementó. El centro de Muchachos, como advierte el título, no es la Selección Argentina y su triunfo en el Mundial de Qatar: esta se transforma en un vehículo para explorar las relaciones que se establecieron con el otro lado de la cancha y de la pantalla. 

La sucesión de partidos y los hechos principales de cada uno de ellos encuentran un correlato con la reacción que generaron. El primer logro del documental es poner en relación esos dos elementos que permanecían desmembrados, separados por la misma distancia que va de Argentina a Qatar. El segundo, quizás mayor en tanto su atractivo se potencia, es sustraer de esa masa informe de imágenes de la red a los fragmentos que no van a funcionar solo como ilustración, sino como forma de explicación de las explosiones de alegría tras el final de cada partido. Lo interesante es que los fragmentos individuales se recomponen hasta dar una imagen colectiva hasta en sus diferencias. La masa informe, entonces, adquiere forma: es un retrato de un colectivo disperso en relación con un hecho deportivo, recortando las distancias físicas existentes entre unos y otros.

La otra diferencia con Elijo creer es la forma en que se articula con los entornos y con la historia. Más allá de alguna comparación no del todo atinada (no es lo mismo la gente movilizada en las calles en el conflicto del campo que la que enfrentó las crisis económicas), Qatar y la explosión final vienen de dos recorridos. Uno social, en el que se relaciona el desahogo con un presente –y un pasado- plagado de carencias y sufrimientos. El otro, futbolístico, que partiendo de Lionel Messi, encuentra el hilo conductor en la relación entre un pasado glorioso, un tiempo intermedio plagado de fracasos y un presente adornado por conquistas previas al Mundial. La voz en off conduce la narración como un cuento en el que no intervienen otras voces, pero que se contiene en los momentos en los que el entrecruzamiento de los dos registros de imágenes lo dicen (casi) todo.

Hay algo más que Muchachos consigue y es retratar una instancia de eso intangible llamado argentinidad y que se manifiesta en que las imágenes permiten recuperar modos y acciones de diferentes clases sociales. Más que esa ilusión óptica de un país que se reconoce, como se señala en el relato, la virtud está en la forma en que la dispersión permite registrar la variedad y la manera en que ésta, a pesar de las similitudes en los festejos –y en las angustias y sufrimientos que conlleva un partido de fútbol- restablece las distancias desde los objetos, los códigos de pertenencia y las formas del habla.

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