ELIJO CREER: BUROCRACIA MATA PASIÓN

“Elijo creer” es una película nacida de las entrañas de la burocracia. Como suele ocurrir con las películas oficiales, provengan del estado o de una asociación o empresa privada. En ese sentido es posible la comparación con otros productos relacionados con sendos mundiales de fútbol. “La fiesta de todos” reconstruía el Mundial 78 a la medida de la dictadura argentina, soltando entre medio de goles y jugadas que entonces sí se podían ver en colores, parrafadas que exaltaban la unión nacional detrás de un objetivo y que limpiaban la imagen con el exterior. “Héroes” era una celebración del Mundial 86 en México desde la FIFA a partir de la explosión de la figura de Diego Armando Maradona a niveles globales.

 Pero donde ambas todavía se asentaban en la totalidad del torneo, “Elijo creer” coloca el foco central con exclusividad en la selección argentina. Siendo la película oficial de la Asociación del Fútbol Argentino, las posibilidades estaban en relación directa con la disponibilidad de material. La AFA y sus cámaras, por razones lógicas, tienen acceso no solo a los partidos, sino también a los entrenamientos, a entrevistar a jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. El problema es qué se hace con esa disponibilidad de material.

La sucesión cronológica admite goles propios y ajenos, tensiones propias de cada partido y alguna derivada de ellos –la lesión de De Paul, los diálogos entre Martinez y Messi por los penales-. Pero omite lo que pueda generar cierta conflictividad, como la disputa entre Messi y Van Gaal. Todo muy prolijo, aunque algunos partidos son despachados con una rapidez inusitada –la semifinal con Croacia-. Pero la prolijidad es enemiga de la imaginación. E imaginación es lo que menos abunda en el documental.

La burocracia que se instala en “Elijo creer” se manifiesta en la decisión de poner en pantalla las imágenes que ya se vieron una y otra vez sin ningún agregado, sin matices que puedan dar otra visión. En entrevistar a una parte de los jugadores –ni siquiera la mitad de los que estuvieron en Qatar- y no al cuerpo técnico, para que repitan frases hechas, relatos de lo que ya vemos en pantalla, generando un innecesario efecto de redundancia. En relatarlo todo con un texto solemne, similar a un discurso de colegio, armado de frases rimbombantes e incomprobables (“Valiente equipo australiano”, por ejemplo), que solo puede imponer distancias con la pasión que generó el Mundial 2022.

 “Elijo creer” no es una película. Es un programa de televisión proyectado en la oscuridad de una sala de cine –no se diferencia demasiado de los programas especiales realizados por las señales deportivas del cable. Es un puro acto administrativo, hecho con la misma pasión con que se redacta una disposición en una dependencia oficial o una comunicación interna en cualquier empresa.  



 

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