CARLOS: AUTOBIOGRAFÍA ESTRUCTURADA
Las plataformas de
streaming descubrieron un nicho de público interesado en documentales sobre
músicos y ahí fueron: a producir uno tras otro y con las restricciones que
impone la necesidad de estrenos constantes para desarrollarlos. Los resultados,
entonces, dependen demasiado de la capacidad de quien comanda el proyecto para
construir algo en el tiempo limitado que se les debe asignar. La consecuencia
es que con el paso del tiempo, lo que se advierte en esos documentales no es la
falta de trabajo para juntar material, sino para organizarlo, para darle una
forma a partir de una idea.
Lo que sorprende en Carlos, el documental dedicado a Carlos
Santana es una serie de elementos que demuestran cierta pereza a la hora de
resolver el relato:
1.El desplazamiento
sistemático que plantea de la obra musical al hecho personal. Ya no se trata
del habitual paso entre lo artístico y lo biográfico, sino de rescatar de la
historia personal algún hecho de cierto impacto. En Carlos ese momento está cerca del final y es el recuerdo del abuso
al que fue sometido el personaje en el pasado. Pero su inserción es forzada: no
hay nada que nos vaya conduciendo a esa situación por alguna vía del relato.
2.La recurrencia a
estructuras ya probadas como moldes al cual adaptar al personaje. En ese
sentido, puede verse que Carlos tiene
la misma estructura que, por ejemplo, José
Feliciano-Behind the guitar. Que ambos provengan de familias humildes de
América Latina y que hayan triunfado en los Estados Unidos a partir de hechos
puntuales (Woodstock para Santana, el himno en el Super Bowl para Feliciano)
que los documentales remarcan, no hacen más que reforzar el paralelismo posible
entre ambos.
3.La tendencia a
correrse de la multiplicidad de voces, que origina que los documentales se
vuelvan una suerte de autobiografía. Carlos
es más un extenso monólogo de Santana sobre su propia vida, que una exploración
que intervenga en ella desde alguna distancia. Como elemento adicional, se
advierte cierta compulsión a eliminar la idea de entrevista por la del discurso
armado. La consecuencia es que este tipo de documentales no plantean otro tipo
de riesgos y conflictos que no sean los que el retratado está dispuesto a
asumir por su cuenta.
4.Si a ello se le suma
que el material de archivo,, pierde parte de su peso ante la palabra, los
documentales terminan convirtiéndose en un sucedáneo de las biopics de ficción.
Carlos es, en ese sentido, el típico
cuento de ascenso de un personaje, resaltando los momentos en los que el
triunfo produce un cambio trascendental en la vida del retratado. El Festival
de Woodstock y el suceso del disco Supernatural aparecen con tal fuerza que
opacan los sucesos de los 20 años que median entre ambos y lo que vino después.
No es que no haya
margen de interés en el documental. Algunas imágenes de archivo parecen
rescatar al documental del tono monocorde que le impone el relato desde la voz
de Santana. Pero esa medianía de la que no parece querer salir es la condena de
una película que no se interesa en entusiasmar a alguien que no sea el fanático
acérrimo. Sin embargo, entre los pliegues de las imágenes se advierte el
documental que pudo haber sido, una punta de la cual no se atreve a tirar y que
podría haber resultado algo más interesante: la particular relación de Santana
con las mujeres –sus dos esposas, su madre, sus hermanas- parece reclamar para
sí un espacio que Carlos se niega a
brindarle.




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