ESA CASA AMARILLA: EL ABORTO COMO WORK IN PROGRESS
*La pregunta es por cómo representar en pantalla una experiencia que es
tan personal como intransferible. Más aún, en este caso se trata de dos
experiencias personales y en dos espacios diferentes de concreción (Argentina e
Italia). Es evidente que la decisión es la de reflejar el tanteo por responder
aquella pregunta y que el resultado, que parece una filmación en crudo, se
parece más a un work in progess que a un producto acabado. El registro de ese
proceso que involucra la toma de decisiones espontánea y una voz en off que
parece estar trabajando sobre ese material que vemos. Lo reflejan de manera
concreta: antes que la certeza del camino lo que aparece es la duda, lo que no
parece funcionar. En ese sentido puede pensarse a la forma del documental como el
pasaje a la pantalla de la dificultad por abordar el aborto, incluso en una
sociedad que tiene una ley que lo ha legalizado. Porque en definitiva, a lo que
se apunta es a lo que implica como experiencia personal y cómo se relaciona con
un colectivo.
*Un registro de esa dificultad: las voces relatan la experiencia al
comienzo, aludiendo a ella como a una operación. Hay algo allí interesante en
no nombrarlo, en no llamarlo por su nombre. En hablar de casas en lugar de
clínicas o consultorios clandestinos. En no poder volver a pasar por esos
lugares. Algo de esa dificultad parece provenir de la experiencia original:
mujeres solas enfrentándose a lo desconocido, a un riesgo que podía quitarles
la vida. Esa casa amarilla parece buscar en sus formas que el relato se
plantee como acompañamiento, como un diálogo en el que las interlocutoras estén
en situaciones similares. Pequeñas comunidades que permiten que el relato fluya
sin interferencias: por eso también no aparecen hombres en la película, salvo
los que se mencionan en los relatos (novios o médicos).
*Dos momentos de ruptura posible de esa comunidad. En el primero, en el
relato de Marcela, la amiga de las realizadoras, las voces en off deciden
cortar la escena porque aducen que no funciona en tanto ellas están distantes y
no la contienen. Lo curioso es que el no funcionamiento proviene de la relación
que entablan y no desde lo cinematográfico, en tanto la escena funciona porque
el relato es el más contundente de todo el documental. El segundo es la visita
a la madre de una de las realizadoras, en Italia. Entre madre e hija se plantea
una discusión: ésta le reclama a aquella porque no le preguntó si la
experiencia del aborto para ella había sido traumática. Entre las mujeres, lo
institucional (la familia, los hospitales, la religión) es lo que establece una
distancia que desarma la comunidad.
*En el final, las realizadoras vuelven a recorrer las calles en el
auto, como al principio. La deriva inicial era ambigua, demasiado pendiente de
no nombrar explícitamente y sin permitir descifrar la lógica del recorrido. La
del final, en cambio, carga con el significado de todo lo relatado. Llevan un
plano dibujado de una clínica a partir del recuerdo de una de las
entrevistadas. El recorrido del auto, entonces, simula en las calles el
recorrido interno que las mujeres hacían en esos lugares. Tal vez sea esa
imposibilidad de salir del work in progress lo que lleva a que esa escena no
pueda recuperar un sentido que el documental por sí solo no puede darle. No es
casual; todo el planteo del documental queda abandonado a esa suerte, a la de
una parte que no puede constituirse en ningún momento en un todo.




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